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lunes, 13 de junio de 2016



  • Las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial y su impacto en formas artísticas fueron tema de conversación del historiógrafo Rafael Villegas

Después de la Segunda Guerra Mundial tuvo que pasar un proceso bastante complicado de asimilación para poder a empezar a emitir discursos más o menos coherentes sobre lo que había sucedido, comentó Rafael Villegas durante la charla “Visiones de la memoria: un diálogo entre el cine y la narrativa gráfica”, que se llevó a cabo este 7 de junio en la Sala 4, Arcady Boytler.
Organizada por el Centro de Documentación de la Cineteca Nacional y la Asociación de Análisis y Teoría Cinematográfica (SEPANCINE), la conferencia del doctor en Historiografía por la Universidad Autónoma de México exploró, a través de diversos ejemplos cinematográficos y del cómic de autor, el discurso acerca de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial que se generó a partir de la década de los sesenta y cómo éste provocó nuevas formas artísticas.
“La memoria no es necesariamente un discurso espontáneo”, aseguró. De acuerdo con el profesor de la Universidad de Guadalajara, tuvieron que pasar casi dos décadas para que el cine y el cómic abordaran la temática de los campos de concentración nazis. Villegas atribuye esta tardanza a un fenómeno que denomina como “la impronta del horror”: el estado de parálisis en la elocuencia de una sociedad afectada por un evento de violencia brutal.
La evolución cinematográfica y en las historietas giró en torno a “la definición del yo”, ya que fue gracias al shockcultural de la Segunda Guerra Mundial que los discursos de modernidad que daban rumbo a la sociedad occidental se rompieron y, eventualmente, los artistas notaron un vacío que necesitaron llenar con nuevos modelos.
Además de ejemplos clásicos de cine de autor internacional —como Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958), La jetée(Chris Marker, 1962), Hiroshima mi amor (Hiroshima, mon amour, Alain Resnais, 1959) y El año pasado en Marienbad (L'année dernière à Marienbad, Alain Resnais, 1961), el especialista apuntó a exponentes del cómic independiente (como el fundamental Robert Crumb o Harvey Pekar y su serie American splendor) como artistas que representan la creación de un nuevo yo en el discurso artístico.
En ese sentido, el conferencista resaltó lo que considera como la diferencia fundamental entre el cine y el cómic. “En el cómic uno puede distender, estirar y al mismo tiempo mantener el tiempo. En el cine, las cosas pasan; aquí no: las cosas pasan y al mismo tiempo se mantienen. Ésa es una posibilidad que sólo puede hacer el cómic”, afirmó.
Las Charlas de cinefilia del Centro de Documentación continuarán el martes 14 de junio con la conferencia de Rocío González de Arce: “Sirenas, nereidas, náyades y otras criaturas mitológicas que habitan las aguas del cine mexicano”, que tendrá lugar en la Sala 4 a las 18:00 horas. Entrada libre con boleto en taquilla.

En la Cineteca Nacional analizan el discurso de posguerra en el cómic y en el cine

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  • El periodista Sergio Raúl López habló de la opera prima de Raúl Araiza y de cómo la cinta refleja las inquietudes creativas de su época

En México de los años setenta, surgió una generación de cineastas con nuevas propuestas, con discursos de importante crítica social y política, pero que podían tener un doble discurso. Entre ellos, un caso muy peculiar fue el de Raúl Araiza Cadena, que con su ópera prima sorprendió a todo el medio por su crudeza y arrojo, aun proviniendo de un medio tan comercial como la televisión.
Así lo apuntó el periodista Sergio Raúl López durante su participación en la más reciente sesión del ciclo "Conversando con nuestros cineastas" dedicado a las óperas primas premiadas por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), que se llevó acabo este 9 de junio en la Sala 4, Arcady Boytler.
Periodista cultural, López se encargó de comentar Cascabel (1976), el debut en la realización de Raúl Araiza, galardonado con el Ariel en 1978, y la calificó como una película típica de la época, consecuencia de todo lo que desencadenó el movimiento del Concurso de Cine experimental.
La cinta gira en torno a la historia de Alfredo, un cineasta encomendado a filmar un documental sobre la realidad social del pueblo lacandón en el estado de Chiapas. Al adentrarse en las duras condiciones de vida de esta comunidad indígena, su conciencia social lo obliga a enfrentarse a sus superiores, y a la presión social, quienes amenazan con destruir su material.


Acompañado del cineasta Juan Antonio de la Riva, el Subdirector editorial de la revista cine “Toma” recordó que Raúl Araiza Cadena, fallecido en enero de 2013, tuvo su primer acercamiento con el cine cuando fue asistente de Julio Taboada hijo, para luego ingresar al Instituto Nacional de Bellas Artes, donde se preparó como productor y director de escena.
Señaló que el caso de este realizador le parece muy particular porque Araiza no era un jovencito cuando hizoCascabel, era un hombre maduro con intereses bien identificados y una sólida carrera dirigiendo televisión.
“Por su trayectoria se esperaba de él un cine comercial, cine televisivo y que iba a emplear a las estrellas de la época con las fórmulas de la época. Y lo que vemos en Cascabel es todo lo contrario, es una película incómoda, dura, con marcado carácter político”, subrayó.
Agregó que en la película, Araiza nos remite a sus orígenes teatrales y demuestra cómo incluso en el teatro existía una férrea censura: “Se convirtió, como su personaje, en un artista del teatro que se fuga al cine para tener más libertad, aunque ahora parezca algo contradictorio”.
A decir de periodista, en Cascabel se encuentra un juego muy interesante que mezcla ficción con documental. “La inserción de la realidad mexicana. Yo lo veo como una fórmula muy socorrida en los setenta. Lo vimos un año antes con Felipe Cazals en Canoa (1976). Araiza  lo aplica muy bien y además se atreve a plantear un discurso abierto en contra del partido único en el poder”, expresó.
Por su parte Juan Antonio de la Riva comentó que este filme significa uno de los más sinceros acercamientos del cine mexicano de ficción a la problemática de los pueblos indígenas: “La película es inédita e insólita porque rompe con el anterior cine indigenista y ofrece un muestrario de tendencias y posibilidades”.
De la Riva también definió a esta cinta como una especie de síntesis de ese periodo, pues “se trata de una película que recoge todas la inquietudes de las época en torno a la libertad de expresión, y junta mucho de las innovaciones técnicas y de estilos cinematográficos en boga”.
Conversando con nuestros cineastas continuará con su ciclo dedicado a las óperas primas ganadoras del Ariel hasta el 30 de junio. El próximo día 16 se proyectará El secreto de Romelia (1988) con la presencia de su directora, Busi Cortés, y del cineasta Juan Antonio de la Riva. La cita es en la Sala 4 a las 18:00 horas, entrada libre con boleto en taquilla.

La crudeza y el arrojo del filme Cascabel fueron tema de charla en la Cineteca

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