jueves, 25 de febrero de 2021

Judas Iscariote, ¿símbolo de traición?

Por Héctor Medina Varalta

 

 

La figura de Judas Iscariote adquiere un relieve desproporcionado en la conciencia de toda persona de educación cristiana; que le digan a uno que es “un Judas” tiene categoría de insulto. Wedding Fricke, autor de “El juicio contra Jesús”, escribe que en una encuesta realizada en 1967 reveló que un 91 por ciento de los que normalmente no creen casi en nada manifiesta creer que Jesús fue vendido a sus enemigos por Judas”. Los supuestos remordimientos de Judas, que le inducen a suicidarse cuando ve condenado a muerte por su Maestro, desenlace, que seguramente no había previsto, no le redimen sino que por el contrario, añaden una acusación suplementaria de cobardía. Ni siquiera le disculpa la reflexión fundamental de que, en fin de cuentas, no fue más que un instrumento necesario para que se cumpliera el designio divino de la redención. O como escribe Limbeck, que ‘al entregar a Jesús se consuma por medio de Judas Iscariote el abandono por parte de Dios por consentimiento.

 

La Última Cena no se puede verificar históricamente

“Este discípulo estaba predestinado por Dios a convertirse en un traidor, según Marcos y Mateo, aunque la elección pudo recaer en cualquier otro. Cuando Jesús en la Última Cena anuncia la inminente traición todos se >>afligieron>>. Uno pensaría que sólo Judas tenía motivos para sentirse >>afligido>> a menos que cada uno de los doce sospechara que podía tocarle a él. Ya que todos, uno tras otro, interrogan al Maestro: ‘¡Señor! ¡Soy acaso yo! […] Y tomando la palabra Judas que era el que le entregaba, dijo: ‘¿Soy quizás yo, Maestro? Y respondió Jesús: ’Tú lo has dicho. Mateo 26, 22 y 25. El anuncio de la traición de Judas durante la Última Cena no se puede verificar históricamente, pero sin duda una revelación tan espectacular debería haber suscitado una tempestad de indignación entre los demás discípulos.

 

Como si nada hubiese pasado



“Kolping señala que >>¿la falta de historiedad del anuncio de la traición se manifiesta en el hecho de que nadie, de entre los próximos a Jesús se decide a formular el menor reproche contra Judas>>. Es inverosímil que después de semejante anuncio los discípulos siguieran banqueteando tranquilamente t luego salieran a pasear hasta el huerto de Getsemaní como si no hubiese pasado nada, quedándose además profundamente dormidos. En conjunto debemos preguntarnos si la traición como tal ocurrió en realidad, en tanto que el hecho histórico, o si el pío cronista intenta demostrar meramente el cumplimiento de una lamentación de David: ‘Un hombre con quien vivía yo en sana paz, y que comía de mi pan, ha urdido una grande traición contra mí. (Salmos 41, 10). Por cierto que Pablo no menciona esa traición por parte de Judas y dice que el Domingo de Gloria se apareció Jesús a los doce.

 

Judas no arrojó el dinero

“En ese contexto desconfiaremos también del relato según el cual Judas se ahorcó presa del remordimiento (Mateo 27, 5), ya que salta a la vista el paralelismo con el episodio descrito en el segundo libro de Samuel (17, 23), donde se ahorca Aquitofel, consejero del rey David que había planeado una traición contra su señor; según el propio Mateo, con la muerte de Judas >>vino a cumplirse lo que predijo el profeta Jeremías>>. En cualquier caso, el relato de Mateo no se concilia con el pasaje de (Hechos (1, 18-20), donde dijo que Judas no arrojó el dinero sino que >>adquirió un campo con el precio de su maldad>> y luego murió a causa de lo que según la descripción parece un confuso accidente”.

 

Judas fue uno de los amigos más íntimos de Jesús

¿Realmente Judas fue un traidor o el Maestro Jesús le pidió que lo entregara? La crucifixión se le ha llamado “La Hora Más Oscura En la Historia de la Humanidad”. Los personajes en el drama han sido vilipendiados y condenados: Pedro por negar a Jesús, Pilato por su debilidad y Judas por su acto de traición. Sí, especialmente Judas. Su nombre se ha convertido en sinónimo de la más malvada de las acciones. Dante presenta a Judas como el más ruin de todos los hombres. En el dogma cristiano, Judas se ha convertido en un criminal, como si de hecho, hubiera martilleado los clavos en las manos y en los pies de Jesús. Tradicionalmente, el Viernes Santo se ha separado para la observancia de este acontecimiento, un tiempo para revivir la pena, el sufrimiento, la vergüenza, la oscuridad de la hora de la crucifixión. Y el discípulo que traicionó a Jesús, Judas Iscariote, es el abominable centro de la atracción en este día. Es un drama grandioso y poco plausible, complicado, confuso y paradójico. Sin embargo, Judas fue uno de los amigos más íntimos de Jesús. Jesús creía en él. Vio grandes posibilidades en él, le seleccionó personalmente como a alguien que podría ayudar grandemente a la causa. Y al igual que, como los demás discípulos, Judas lo dejó todo para seguir a Jesús. Y debido a su obvia sofisticación e inteligencia, quizás él tuvo que renunciar a mucho más que los otros miembros del grupo.

 

El punto de vista de Eric Butterworth

Judas era un hombre de fortaleza, de visión, de dedicación. Estuvo dispuesto a sacrificar un puesto o posición en el mundo por un sueño. Si era ambicioso o egoísta, los evangelistas no lo mencionan. Por otra parte, Eric Butterworth, escribió en “Descubre tu poder interno”, un capítulo titulado “En defensa de Judas”. En dicha sección escribió: “En 1960 tuve el privilegio de presenciar el gran espectáculo del drama de la Pasión en Oberrammergau, Alemania, se desenvuelve la siguiente escena: Judas está frente a Anás informando que la tarea está cumplida. Y Anás dice, ‘Ah, tengo que abrazarte, mi amigo. Nuestro plan a triunfado. ¡Judas! Tu nombre ocupará un puesto de honor en nuestros anales. ¡Aun antes de la Fiesta, el galileo morirá!’ De momento, Judas es sacudido por la implicación de lo que ha hecho: ‘¿Morir?, ¿morir? ¡Pero yo no lo entregué a ti para eso! No, no, eso no lo acepto así’.

 


Judas creyó que Jesús se salvaría

“Entonces aparece Judas en varios soliloquios dramáticos que revelan mucho de sus sentimientos internos, su remordimiento y su confusión. Está solo en el escenario. Llueve copiosamente. Judas dice: ‘Presentimientos siniestros me acosan. Esa palabra de Anás es necesario que muera-ah, esas palabras me atormentan dondequiera que voy, que me detengo. Sería terrible… terrible. Si ellos… Mi Maestro… ¡y yo el causante de todo. Si el Maestro quisiera salvarse El mismo, hubiera dejado sentir Su poder una segunda vez en el Jardín de los Olivos. Si no lo hizo allí, no lo hará ahora. ¿Y qué puedo yo hacer por Él? Yo, el más miserable de los hombres, que lo he entregado en sus manos. Tendrán su dinero de vuelta. Iré y pondré mi reclamo. Pero, ¿lo salvará eso a Él? ¡Ah! ¡Vana y estúpida esperanza! Se mofarán de mi oferta.’

 

El arrepentimiento

“Interrumpe en la Cámara del Consejo y acusa a los sacerdotes de embaucarlo. Les tira el dinero y corre. Y entonces, en la parte más elocuente y dramática de toda la representación, Judas se queda en el escenario, golpeando su pecho, de rodillas, de pie, corriendo, llorando, gritando… ‘¿A dónde puedo ir para esconder mi dolorosa vergüenza, para eliminar las torturas de mi consciencia? Tierra, ¡ábrete y trágame! ¡Yo no puedo, no puedo vivir! Mi Maestro el mejor de los hombres, lo he vendido, entregado a malos tratos y a la tortura de un mártir-yo… ¡detestable traidor! ¡Ay!, ¿dónde hay un hombre que recaiga tanta culpa? ¡Cuán bueno siempre era conmigo! ¡Cuán dulcemente Él me consoló cuando mi alma estaba triste! ¡Cuán maravillosamente feliz me sentí cuando me sentaba a sus pies y las enseñanzas celestiales brotaban como miel de sus labios!...” Y se enrolla una tela alrededor de su cuello y se ahorca. Suena esto como un hombre que maquina un despiadado plan para vender a Jesús por dinero. ¿Podemos encontrar ninguna otra cosa en esto que no sea el remordimiento de un hombre que trató de acelerar el proceso de la misión de Jesús y simplemente falló en su cálculo de lo que esa misión era?

Apreciable lector, no es mi intención criticar a la iglesia a la que perteneces, es sólo un punto de vista de los autores referidos, a quienes, si los leen sin la lupa empañada del intelecto, puedan estar de acuerdo, aunque sea un poco.


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