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Saturday, July 4, 2020

Patología del misógino


Por Héctor Medina Varalta

“… Conmigo llegó una flor abierta, bonita
Rozagante  y yo la devolví muerta.
Le maté su frescura. La volví nada”.
Juan Alberto, miembro de un grupo de autoayuda

Balazo: El misógino es un hombre atrapado en el conflicto entre su necesidad de amor de una mujer y el profundo temor que ella le inspira.

El misógino es un actor porque a la mujer que hace objeto de su odio, la conquista con afecto aparente. Sin embargo, es un medio para lograr sus fines. En realidad se interesa en la mujer únicamente para minimizarla, humillarla ejercer poder sobre ella; en pocas palabras, el misógino no ve a la mujer como un ser humano, sino como a un objeto en el que descarga el odio inconsciente que experimenta hacia su madre. Al miedo que pueda tener la mujer de perder el amor de su compañero y de resultar emocionalmente herida se une el lo que podría hacer si ella realmente lo irrita. Los misóginos llegan a inspirar muchísimo temor cuando se enojan, y existe siempre el miedo de que su cólera pueda descargarse en la agresión física, aunque de hecho jamás hayan golpeado a su pareja.  
Detectando al misógino
La licenciada Mirna Ángeles Rodríguez, egresada de la Facultad de Psicología, afirma que, el 90 por ciento de sus pacientes conviven con un marido misógino. “El misógino es el hombre que odia a las mujeres. De trasfondo hay trastornos psicopatológicos. El misógino es un hombre insensible que no tiene comunicación con la mujer; rehúye las relaciones afectivas, pues sólo mantiene relaciones pasionales o de otro tipo. Este tipo de hombres son demasiado encantadores, por lo consiguiente son de los que más se enamoran las mujeres. Es difícil detectarlos, porque la mujer queda envuelta en ese magnetismo encantador. En toda esta aparente belleza de relación, la mujer se ciega emocionalmente. Entonces, cuando un afecto sentimental de este tipo se rompe, la mujer queda confundida porque ha sido una relación muy maquillada. Por lo tanto, la mujer tiene que estar alerta ante hombres exageradamente dulces, tiernos y atentos, pues la exageración es donde se permea la información de que se está ante un tipo anormal”-explica la psicóloga.
Mujeriegos y misóginos
Por su parte, Susan Forward, autora de Cuando el amor es odio, menciona que, “al comienzo de la relación se sueltan muchos globos de prueba. El misógino- frecuentemente, sin darse cuenta de lo que hace-procura concretar su definición de hasta dónde puede llegar. Lo lamentable es que su compañera crea que al no enfrentarse con él ni cuestionar su comportamiento cuando él lastima su sensibilidad está expresando el amor que siente por él. Muchas mujeres caen en esa trampa. Desde pequeñas nos han enseñado que la respuesta es el amor. Con amor todo será mejor; lo único que debemos hacer es encontrar un hombre que nos ame, y entonces la vida será maravillosa y viviremos por siempre felices por siempre jamás”. Asimismo, los misóginos y mujeriegos al conquistar simultáneamente a varias mujeres las dañan. Lo que sucede es que son hombres que la conquista la toman como a un deporte. Pero el corazón de una mujer no es un balón ni un trofeo. Los hombres de este tipo están cubriendo una gran necesidad de autoafirmación: ante mayor inseguridad, mayor necesidad de conquista. Es una búsqueda de satisfacción interna o se está ocultando una homosexualidad latente”.
La mujer se vuelve codependiente
El misógino teje su telaraña para no perder el control, porque sabe que cuando sea descubierto, su víctima puede huir. Entonces, para que ella no escape a su control, el misógino se vale del miedo. La mujer cuando está asustada se paraliza. Esta emoción le impide actuar y, sobre todo, le genera mucha confusión. Se enfrenta a dos dilemas: no puede escapar, pero al mismo tiempo lo desea. La víctima siente que ya no tiene fuerzas, que no vale nada, o cree equivocadamente que va a estar peor sin él, que no hay escapatoria o que nadie la puede salvar. Aunque a nivel racional sabe que sí hay forma de hacerlo. No obstante, a nivel emocional se ha paralizado, pues ha hecho caso de los controles que él le ha puesto como si fueran una verdad. La mujer tiene que estar atenta ante sujetos que son demasiado simpáticos, astutos, con madera de líderes y sean demasiado atentos y considerados, ya que en esos momentos es cuando se pueden presentar. Cuando hay una actitud similar, no es real, sólo están fingiendo porque algo quieren obtener. Entonces… ¡aguas! Susan Foward, escribe: el misógino lleva dentro de sí un pozo insondable de rabia, y para que se dispare basta muy poco. Cuando la mujer se cansa de tantas exigencias, ira, insultos y quizá hasta golpes, tarde o temprano intentará romper la relación. Pero el misógino experto en manipular a su pareja, llorará y suplicará que se quede.
El misógino sólo puede cambiar con terapia
Más adelante, si la mujer no le hace caso, dirá que se va a suicidar, tiene mucha tendencia a demostrar conmiseración de sí mismo. Si esto tampoco le funciona, de seguro revivirá de los días felices: cómo se conocieron, el cortejo, el noviazgo, el nacimiento del primer hijo, etcétera, y de esta forma trabajará para conseguir su objetivo: que la mujer siga como siempre, dependiendo de él en todo momento. Toda esa palabrería hace mella en la mujer codependiente, y empieza a flaquear. El misógino, al notar que su presa empieza a dar muestras de debilidad, se acerca y le dice al oído que esta vez sí cambiara… y la mujer vuelve a quedar atrapada en esa telaraña que para muchas mujeres se convierte en algo sin salida. Sin embargo, el misógino sólo puede cambiar con terapia, pero en general la rehúye. Cuando la relación se ha vuelto un círculo vicioso, tanto la mujer como su compañero necesitan ayuda profesional. Si el misógino sigue empeñado en negar su problemática, la mujer debe pedir ayuda profesional. Forward escribe: “Si tú eres adicta a un compañero misógino, no eres más capaz de visualizar lo que será de tu vida después de dejarlo, de lo que puede hacerlo el adicto que decide renunciar a las drogas (…) seis meses después de que la relación con el misógino haya acabado, te sentirás como una persona completamente distinta. Y no sólo eso, sino que verás tu vida desde un ángulo nuevo. Sólo cuando la relación adictiva esté superada, verás con claridad sus funciones.”
Casos de la vida real
La cantante Tina Turner, en su libro La historia de mi vida, relata los terribles años que vivió con su exmarido Ike, un misógino. A pesar de su éxito, Ike no le permitía disponer de lo que ella ganaba. “Él despilfarraba mi dinero, pero yo nunca podía tener un billete. Más adelante, Tina relata cómo, desde el principio de la relación, Ike tomó el control. “Le dije que ya no quería saber de él. Y esa fue la primera vez que me golpeó con una horma de zapato (…) Mi ojo estaba hinchado. Fue horrible. Ese fue el inicio, cuando Ike comenzó a darme miedo”. En el epílogo de su libro, Tina escribe: “No tenía nada-después de abandonar a Ike-, pero tenía mi libertad”. Por su parte, Forward compartió el testimonio de una de sus pacientes: “Una de las relaciones más desacostumbradas para que una paciente acuda a la terapia fue la que me dio una mujer de 43 años que no podía conseguir que su marido le pagara al dentista. Hablando con ella me enteré de que el marido industrial y millonario le había señalado la generosísima asignación de quince dólares semanales. Supe también que ella trabajaba para la compañía del marido sin percibir sueldo alguno, y que era frecuente que él la humillase en presencia de los demás empleados. Evidentemente, lo que estaba pasando era mucho más que la resistencia de él a pagarle la cuenta del dentista. Por lo común, compruebo que el problema específico que lleva a una persona a la terapia no es más que la punta del iceberg. Con frecuencia, los conflictos referentes al dinero, los problemas sexuales, la inestabilidad emocional y las discusiones en torno de los hijos no son más que cortinas de humo que encubren una relación perturbada.
Fases del misógino
Primera fase: El misógino generalmente se muestra tranquilo y sano, expresa sus sentimientos con facilidad, la relación la maneja de excelente manera. Algunos acompañan su problema con un tipo de adicción, ya sea alcohol u otras substancias. Son hombres que gustan de la buena vida. Segunda fase: Cuando se tiene un lugar en la vida de la mujer, comienzan por tomar el control en la relación, al mismo tiempo empiezan a brotar los problemas de personalidad que confunden a la mujer y se hace una relación llena de altas y bajas que para él son satisfactorias. Tercera fase: Surge placer al humillar a la mujer, salta su inseguridad absoluta y demuestra el amor con celos, actos de posesión y corta absolutamente toda aspiración. Siente un valor fingido, hasta llegar a la necesidad de los golpes con tal de descargar la ira y de sentirse necesitado.

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