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¿Un par de zapatos?

Por Salvador Echeagaray


¿Está bien que debemos conformarnos con un par de zapatos? O, ¿está mal desear tener muchos zapatos? Se cuenta, por ejemplo, que la expresidenta de Filipinas Imelda Marcos tenía mil pares de zapatos.
¿Está mal desear tener mucho, mucho de todo? O, ¿qué no tenemos deseos de infinito en el fondo de nuestro corazón? Pregunten a un joven si no le gustaría tener muchos tenis de “marca” y estrenar unos a diario. ¡Es que sí! El deseo de infinito que habita en nosotros nos pide ser y tener más. Si tenemos dinero quisiéramos más dinero, una vez que alcanzamos la cantidad soñada, quisiéramos más y, así sucesivamente. Todo eso por el deseo de infinito del que hablábamos.
Como tampoco podemos tener todo, así fuéramos reyes, jeques, presidentes, expresidentes, empresarios, futbolistas exitosos, etc. etc., ¿cuánto debemos tener?
El teólogo Antonio Royo Marín en su obra Teología Moral para Seglares dice -palabras más, palabras menos- que lo ético es procurar tener los bienes con los cuales está uno acostumbrado. Esto es, si se nació en una familia de la alta sociedad donde había suficientes lujos y comodidades, eso, sin “poner el corazón en el tesoro” es lo que se debía a aspirar.
Entonces, ¿si alguien se crio en una familia pobre donde no había lo suficiente para comer, lo moral, es mantenerse pobre? La respuesta es no. Al contrario, debemos hacer lo suficiente para tener lo indispensable, casa, vestido y sustento.
Y es muy válido aspirar a salir de la pobreza, pues, si todos perseguimos la felicidad, ¿quién puede ser feliz si no tiene para comer, para pagar la renta, para pagar deudas, etc.? Nadie.
Y aquí es donde está la clave. Si queremos tener todo, todo, todo, al final de cuentas, es porque queremos ser felices. Y si en el fondo de nuestro corazón tenemos deseos de infinito, solo algo infinito es posible llenarnos.
Y ¿cómo? ¿dónde, se encuentra eso infinito? Porque advertimos que los bienes son limitados. Hoy recibo la quincena y en un rato ya no tengo nada. O, por ejemplo, ¿habrá ya “completado” Carlos Slim? No, porque, todos deseamos lo infinito y solo hay un ser infinito. ¿Ya sabe a quién me refiero? Si, exacto, -aunque usted no lo crea- a Dios.

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