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Óscar de la Borbolla, presentó La rebeldía de pensar

Hombres de letras

Por Héctor Medinas Varalta

“Los monos son demasiado buenos para
que el hombre pueda descender de ellos”.
Friedrich Nietzsche

Guadalajara, México, febrero de 2020. Cualquiera puede aprender a pensar, pero no cualquiera piensa. Lo que los seres humanos tenemos en común no es el pensar, sino la posibilidad de conquistar el pensamiento […] Para quienes no piensan sólo existe un camino y un único sentido por donde vaya la mayoría. Pensar, en cambio, es descubrir en cada camino una multitud de sentidos y en cada sentido una multitud de caminos. Con estas ideas-y muchas más-inicia Óscar de la Borbolla este ensayo que busca sembrar inquietudes, pero también certidumbres; combatir lo establecido y ofrecer caminos; todo alrededor del pensar y las preguntas que con ello conlleva: ¿por qué soy?, ¿por qué hay ser?, ¿cómo se relacionan la acción y la felicidad con el pensar?
No pensamos concretamente en nada
El autor considera que este libro es un intento por volver asequible en qué consiste pensar, porque tiene la certeza de que aunque todos tengamos en potencia la posibilidad de pensar no todos podemos hacerlo. Entonces, es unas forma hasta lo que permite la filosofía muy clara, para que la gente entienda de que el pensamiento es algo que no solamente practican los filósofos o los científicos, sino que es algo que puede poner a salvo las personas de una serie de contratiempos en su vida. Cuando nos dicen los demás “piensa un poco,” no sabemos exactamente bien a qué se refieren; cuando nos dicen sube o baja la escalera, entendemos perfectamente el mensaje y, lo que el autor muestra en el libro, es que el pensamiento consiste en relacionar. Cuando estamos sin ningún oficio ni beneficio con la mente en blanco, y nos dicen “en qué piensas” y respondemos “en nada”. Efectivamente, no pensamos concretamente en nada.
Los animales relacionan objetos, nosotros relacionamos palabras
Hay un flujo de conciencia y recordamos un recuerdo, un fragmento de una canción, algún deseo o una retraída de cosas sin sentido. Cuando tenemos un problema, todos los elementos que disponemos se ordenan para resolver ese problema. Esto lo compartimos con varios animales, hay muchos experimentos de zoólogos, que a los chimpancés los obligan, después de una larga dieta de hambre a bajar una penca de plátanos de un techo muy alto y después de buscar todos los elementos que tienen a su alcance en esa habitación, descubren que hay un banco que puede servir para abreviar la distancia; dos tubos que finalmente terminan por atornillarlos y desprender la penca de plátanos. Ahí han ordenado todos los elementos que están a la mano. La diferencia en el modo en que los animales reaccionan para resolver problemas y cómo lo hacemos nosotros, es que los animales relacionan objetos, nosotros relacionamos palabras, conceptos y cuando es más abstracta la palabra que empleamos, por ejemplo, la palabra silla es un término para definir no sólo una silla, sino para todas las sillas de todos los colores de todos los materiales.
El nivel más profundo de pensar es el de la duda
Es mucho más extenso o tiene un nivel mayor de abstracción la palabra mueble, porque esta palabra incluye sillas, escritorios, mesas, etcétera, y como vamos ascendiendo en  extensión de las palabras llegamos a un nivel de abstracción, que ya propiamente son categorías; cuando lo que relacionamos son categorías, es propiamente cuando pensamos como seres humanos, cuando tenemos un pensamiento abstracto y eso es lo que nos permite hacer una serie de operaciones como la inducción, la deducción y, otra etapa más, es cuando hay una concepción cristalizada ante nosotros: nuestras condiciones y le buscamos algún defecto comparando ese modelo de pensamiento con otro o esa idea que tenemos de las otras cosas con otras y es ahí cuando ejercemos el pensamiento crítico, buscamos entre dos representaciones lo que diferente tienen y podemos efectuar una crítica, buscando siempre mejorar aquel modelo, aquella idea o aquella representación que tenemos, y este no es el último nivel del pensamiento, el nivel que Borbolla considera el más profundo de pensar es el de la duda, porque la duda a pesar de tener las evidencias delante de uno, es lo que ha permitido desenvolver el pensamiento científico.



El modelo de Tolomeo
Por poner un ejemplo, a todos, las evidencias nos dicen que el sol le da vueltas a la Tierra, uno observa en la mañana su salida, ve cómo asciende hasta el mediodía en el cénit y luego en la tarde vuelve a bajar y al día siguiente lo mismo y parece que nos diera la vuelta. La evidencia de lo que vemos con los ojos: el sol gira alrededor de nosotros. Sin embargo, hay un pequeño problema: la cúpula celeste sucede con ella lo mismo; las estrellas aunque están en movimiento es algo que no percibimos a lo largo dela vida: se mueven, se separan unas de otras cada miles de años. Así que, para los efectos prácticos es como si estuvieran quietas. Cuando vemos la cúpula celeste, todos los astros se mueven en una dirección correcta. Los únicos que no se mueven son los planetas y justamente se les denominó planetas, que en griego significa errantes. A veces se movían hacia adelante y hacia atrás. Los planetas, si uno los sigue en las noches y van marcando la posición que ocupan tienen movimientos a favor y en contra, o sea, movimientos retrógrados, no explicable el movimiento de los planetas con el modelo de Tolomeo, que era el movimiento geocéntrico. Cuando Copérnico lo poner en duda, pese a las evidencias, es cuando damos un enorme paso y descubrimos que quienes les dan la vuelta al sol, somos nosotros mismos.
Cuando nos ponemos a pensar nos convertimos en individuos
En cada avance científico o en cada avance personal se da cuando somos capaces de aquello que pensamos evidente, someterlo a la duda. Por eso, propongo la duda como una de las formas más eficaces para que el pensamiento nos auxilie. Por otra parte, no nos gusta saber la verdad porque nos gusta vivir como animales, engañados, que nos manipulen, que nos digan lo que tenemos que hacer. Pero creo que estamos en una etapa, sobre todo, los jóvenes que son tan inquietos, que más vale que pensemos, pues estamos llevando al planeta al desastre, se nos está cayendo por todos lados. El libro se titula La rebeldía de pensar porque justamente cuando pensamos nos separamos de un coro; siempre vivimos en una situación de comunidad o de una familia, en donde el punto de vista dominante hace que todos, más o menos, estemos informados. Cuando uno se pone a pensar, justamente se vuelve diferente, se convierte en individuo, se da cuenta de que aquello con lo que comulgan todos los demás son ruedas de molino.
Todos los días nos están  martillando un mensaje
Por lo tanto, lo que nos hace diferentes y, por lo tanto, nos sustraigamos de la manada, es precisamente la forma de pensar. Por eso me pareció muy bonita la ilustración de la portada. En donde se manipula de una manera feroz son en las redes sociales. Ahí hay una cosa que se llama la postverdad, que son los memes falsos completamente, que la gente sin criterio reproduce por millones de veces y terminan desorientando a la gente porque no tienen el sentido común o la posibilidad de detenerse un poco a pensar a ver si deveras esas barbaridades que están retuiteando, repitiendo en Facebook o en Instagram o en todas las redes, si realmente tienen un contenido de verdad. De manera automática las repiten y estamos viviendo ahogados por un montón de mensajes, haciéndonos creer que estamos viviendo una realidad que no es la que vivimos. Todos los días en la televisión o en la prensa escrita, en la radio o en las redes sociales, nos están  martillando un mensaje y terminamos por creer que eso es y si llegamos a casa y los familiares repiten lo mismo y los amigos también, al rato somos una manada de inconscientes manipulados por los medios.
Es muy triste que un jugador de fútbol gane más que un artista
Óscar de la Borbolla, mencionó que nuestra mente es como un iceberg: el  diez por ciento está en la superficie y el resto o lo más grande en la profundidad. Eso es lo que sucede: vemos la punta del fenómeno y todo lo demás queda oculto y nos contentamos con esa apariencia de la mera punta del iceberg. Cuando profundizamos en el conocimiento de una materia nos damos cuenta de que todo lo que tenemos son embarradas o barnices, lo mismo que de religión que de política, que relaciones públicas, relaciones amorosas. No sabemos prácticamente nada. Nos han dado unos cuantos conocimientos y no hemos tenido la curiosidad de profundizar leyendo en todas las materias que existen. Estamos en la Feria Internacional del Libro (FIL) que tiene miles de títulos de una riqueza fascinante y, sin embargo, la gente sigue imbecilizada viendo el fútbol y gritando gol como si fueran gorilas. Es muy triste que un jugador de fútbol gane más que un artista, cualquiera que sea su área.     
Trayectoria profesional
Óscar de la Borbolla es filósofo de profesión, es profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México desde hace 47 años. Imparte la cátedra de metafísica y ontología. Asimismo hizo el doctorado en filosofía en la Universidad complutense en Madrid, España. Acaba de cumplir 70 años de edad y está a punto de retirarse. Ha escrito varios libros de filosofía anteriores a este, uno se titula Filosofía para inconformes, está publicado por Penguin Random House, Grupo Editorial, otro es El Arte de dudar, publicado por la misma editorial. Además, tiene varias publicaciones en la misma universidad, otro de sus libros publicados es Introducción a la filosofía de Friedrich Nietzsche y otro más que se llama La muerte y otros ensayos. También ha escrito cinco novelas, varios libros de cuentos y está permanentemente escribiendo en un periódico virtual que se llama sin embargo.mx y todos los lunes entrega una reflexión filosófica y está preparando una edición de esas reflexiones para lanzar al mercado un volumen de filosofía más y está a punto de terminar una novela que tiene por protagonista a un amnésico y está buscando su identidad. Óscar de la Borbolla también es conferencista, ensayista, poeta y narrador.

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