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CHISPAS…



by  Adonay SOMOZA H.


 Ciudad de MĂ©xico . 08/12/2017.- LA VĂŚRGEN DEL TEPEYAC Ă’ VIRGEN DE GUADALUPE. Generalmente el que esto evoca, solĂ­a acudir a la BasĂ­lica de Guadalupe, algunos sábados, en donde me solazaba contemplando el famoso ayate con el que Juan Diego demostrĂł a los sacerdotes incrĂ©dulos de aquellas lejanas fechas, que no era un mitĂłmano. Miles de peregrinos provenientes de la Capital, o de la extensa RepĂşblica Mexicana, asĂ­ como del extranjero desfilan ante la impresionante figura impresa en un vulgar costal de cáñamo, cubierta con una vitrina de cristal blindado. Algunos investigadores europeos, con previa autorizaciĂłn de los altos jerarcas catĂłlicos, tuvieron acceso directo al original para demostrar que la obra pictĂłrica fue plasmada por la mano del hombre, asĂ­ como la enigmática figura de Juan Diego impresa en los ojos de la Gualupita; transcurridas las exhaustivas investigaciones, llegaron a la conclusiĂłn que era algo desconocido (Quizá un milagro, inadmisible para la ciencia). Por supuesto cada persona es libre de emitir sus conclusiones referentes al acontecimiento.


Pero, traslademos nuestras remembranzas a lo indicado por la historia: Año: 1531. ubicaciĂłn: Cerro Tepeyac, MĂ©xico, en donde sucedieron los hechos referentes a las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Precisamente Al pie del Cerro Tepeyac, en la Ciudad de MĂ©xico, en donde se ubica el Santuario Mariano, conocido oficialmente como Insigne y Nacional BasĂ­lica de Santa MarĂ­a de Guadalupe, donde se guarda y venera la Reliquia de la ApariciĂłn de la Virgen, conocida como el Ayate o Tilma de Juan Diego. Asimismo el escritor indĂ­gena Antonio Valeriano en su obra ‘Nicán Nopohua’, transcrita en la lengua de los aztecas a los doce años, describe las apariciones, narrando los hechos de esta forma: “Un sábado de 1531 a pocos dĂ­as del mes de diciembre, un indio de nombre Juan  Diego caminaba, muy de madrugada, del pueblo en que habitaba a Tlatelolco, para tomar parte en el culto divino; al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyac, amanecĂ­a, cuando escuchĂł que le llamaban desde las alturas: “Juanito, Juan Dieguito.” Él subiĂł a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana grandeza, ataviada radiantemente como el sol, la cual con palabra muy amables le dijo: "Juanito, el más pequeño de Mis hijos, sabe y ten entendido que Yo Soy la SIEMPRE VIRGEN MARĂŤA, MADRE DEL VERDADERO DIOS POR QUIEN SE VIVE.  Deseo vivamente que se erija aquĂ­ un Templo, para en Ă©l mostrar y prodigar todo mi amor, compasiĂłn, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a los demás amadores mĂ­os que me invoquen y en MĂ­ confĂ­en.  Ve al Obispo de MĂ©xico a manifestarle lo que mucho deseo; anda y pon en ello todo tu esfuerzo”.
Cuando llegĂł Juan Diego a la presencia del obispo, Don Fray Juan de Zumárraga, religioso de San Francisco, Ă©ste pareciĂł no darle crĂ©dito y le respondiĂł: “Otra vez vendrás y te oirĂ© más despacio.” Juan Diego volviĂł a la cumbre del cerrillo, donde la Señora del Cielo le estaba esperando y le dijo: “Señora, expuse Tu Mensaje al Obispo, pero pareciĂł que no lo tuvo por cierto. Por lo cual, Te ruego que encargues a uno de los principales que lleve Tu Mensaje para que lo crean, porque yo soy un hombrecillo.” Ella le respondiĂł:  "Mucho te ruego, hijo mĂ­o, a que otra vez vayas mañana a ver al obispo y le digas que Yo en Persona, la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARĂŤA, MADRE DE DIOS, Soy quien te envĂ­o."
Pero al dĂ­a siguiente, domingo, el Obispo tampoco le dio crĂ©dito. El lunes Juan Diego ya no volviĂł; su tĂ­o Juan Bernardino se puso muy grave y le rogĂł que fuera a Tlatelolco a llamar a un sacerdote para que lo confesara. SaliĂł Juan Diego el martes, pero dio vuelta al cerrillo para llegar pronto a MĂ©xico y no lo detuviera la Señora del cielo. Pero Ella le saliĂł al encuentro y le dijo: "Hijo MĂ­o, el más pequeño, no se turbe tu corazĂłn ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy Yo aquĂ­ que Soy tu Madre? ¿No estás bajo Mi sombra? ¿No soy Yo tu salud? ¿No estás por ventura en Mi regazo? ¿QuĂ© más necesitas? No te aflija la enfermedad de tu tĂ­o, está seguro que ya sanĂł. Sube ahora, hijo MĂ­o, a la cumbre del cerrillo, donde hallarás diferentes flores, cĂłrtalas y tráelas a Mi Presencia”. Cuando lo hubo hecho, le dijo: "Hijo MĂ­o, Ă©sta es la prueba y señal que llevarás al obispo. TĂş serás mi embajador muy digno de confianza."
Juan Diego se puso en camino ya contento y seguro de salir bien. Al llegar a la presencia del Obispo, le dijo: “Señor, hice lo que me ordenaste. La Señora del Cielo condescendiĂł con tu recado y lo cumpliĂł.”  DesenvolviĂł en el acto su blanca manta y asĂ­ se esparcieron por el suelo las diferentes rosas de Castilla,  apareciendo impresa, de repente, la preciosa Imagen de la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARĂŤA, MADRE DE DIOS, siendo en esa forma que se guarda hasta la presente fecha en Su Templo de Tepeyac; la ciudad entera se conmoviĂł y acudĂ­a a ver y admirar su devota imagen, asĂ­ como a  ofrecerle oraciones, siendo entonces cuando se le nombrĂł como bien habĂ­a de nombrarle: La Siempre Virgen Santa MarĂ­a de Guadalupe.”
RESULTADOS DE LOS ESTUDIOS CIENTĂŤFICOS DE LA TILMA O AYATE DE JUAN DIEGO: En primer lugar, la milagrosa conservaciĂłn del tejido en el que se imprimiĂł la Imagen de la Virgen, en la Tilma de Juan Diego está tejida de fibra de ayate (de la especie mejicana llamada “agave potula zac”), que se desintegra a los 20 Ăł 30 años. Mientras tanto, a casi 500 años del milagro, la Imagen de MarĂ­a sigue tan firme como el primer dĂ­a; la ciencia no se explica el origen de la incorruptibilidad de la tela.
No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. De hecho, a una distancia de 10 centímetros de la imagen, sólo se ve la tela de maguey en crudo: los colores desaparecen. Estudios científicos no logran descubrir el origen de la coloración que forma la Imagen, ni la forma en que la misma fue pintada. No se detectan rastros de pinceladas ni de otra técnica conocida de pintura. Los colorantes de la Imagen no pertenecen al reino vegetal, mineral ni animal. Se ha hecho pasar un rayo láser en forma lateral sobre la tela, detectándose que la coloración de la misma no está en el anverso ni en el reverso, sino que los colores flotan a una distancia de tres décimas de milímetro sobre el tejido, sin tocarlo.
La Virgen tiene una cinta en el vientre, sĂ­mbolo para los aztecas de que estaba embarazada; uno de Los mĂ©dicos que analizĂł la Tilma colocĂł su estetoscopio debajo de la cinta que MarĂ­a posee (señal de que estaba en cinta) y escuchĂł latidos que rĂ­tmicamente se repiten a 115 pulsaciones por minuto, igual que un bebĂ© en el vientre materno. Además, la temperatura de la fibra de maguey con que está construida la Tilma mantiene una temperatura constante de 36,6 grados, la misma que el cuerpo de una persona viva.  
Estudios oftalmológicos realizados a los Ojos de María han detectado que, al acercarles luz, la retina se contrae y al retirar la luz, se vuelve a dilatar; exactamente como ocurre en un ojo vivo. La ciencia descubrió que los Ojos de María poseen los tres efectos de refracción de la imagen de un ojo humano. En Los Ojos de María (de tan sólo 7 y 8 mm) se descubrieron diminutas imágenes humanas, que ningún artista podría pintar. Son dos escenas y las dos se repiten en ambos ojos. La imagen, de los Ojos de María, fue ampliada mediante tecnología digital, revelando que en sus ojos está retratada la imagen del indio Juan Diego abriendo su Tilma frente al obispo Zumárraga.
La Virgen de Guadalupe es mestiza, su rostro, ni indio ni blanco, es el mismo que invita a la paz entre vencedores y vencidos, entre blancos e indĂ­genas; porque ella es la Madre de todos. El color de su manto es verde-azul, entre los aztecas sĂłlo el emperador podĂ­a vestir ese color, al presentarse con este color es como si dijera que es la Emperadora, la Reina del Universo; los rayos de sol rodean su persona, como si procedieran de su divino hijo que es el Sol de Justicia (el sol era un dios para los indĂ­genas).
Por otra parte, se ha descubierto que, las estrellas, en el manto de la Virgen corresponden a las estrellas del cielo tal y como estaban aquel dĂ­a de la apariciĂłn; vistas desde MĂ©xico; como si nuestra Madre hubiera querido dejarnos su firma, fecha y hora exacta de Su apariciĂłn: 16:40 horas del dĂ­a 12 de diciembre de 1531. La Imagen es tal y como la detalla el Libro del Apocalipsis, capĂ­tulo 12: “ApareciĂł en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies “. Y, por Ăşltimo, ‘Coatlaxope’ Guadalupe’, significa en el idioma indĂ­gena: "Que aplasta la cabeza a la serpiente". AquĂ­ queda impresa esta reproducciĂłn, dependiendo de cada persona aceptarla o rechazarla. Visitemos el templo dedicado a la Virgen del Tepeyac, este 12 de diciembre, y desde este espacio permĂ­tanme felicitar a todas las Guadalupe (Lupitas),  que se unen a las festividades de la madre(simbĂłlicamente), de todos los mexicanos Fuente: http://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/
AMLO Y LA ADMISTĂŚA PROPUESTA. Con todo el respeto que merece (no cubro la fuente PolĂ­tica, pero leo, escucho y me entero a travĂ©s de los compañeros  acreditados), como lĂ­der, AndrĂ©s Manuel LĂłpez Obrador, declarando ante los medios, que propondrá, segĂşn su forma de pensar, una amnistĂ­a de su gobierno cuando sea presidente de MĂ©xico, al crimen organizado. Imaginemos a LĂłpez Obrador al ser investido como presidente de la RepĂşblica Mexicana, rodeado de las más sobresalientes bandas criminales, y elementos del ejĂ©rcito mexicano y marina custodiándolos. Algo ocurre en su dañado cerebro con tanto pensar en contender, por una vez más, para ingresar a Los Pinos. Por supuesto que además de incomodar a las fuerzas armadas con sus declaraciones, porque, aunque usted no lo crea, al tabasqueño lo sitĂşan las encuestas arriba de lo otros precandidatos a la Presidencia de la RepĂşblica. Deseamos no decaiga el ánimo de los castrenses en su lucha contra la delincuencia. ¿Será del conocimiento del Sr. LĂłpez, que han sido inmolados 530 soldados, además de marinos, quienes han ofrecido su vida combatiendo al narcotráfico, registradas desde diciembre de 2006? La cifra es mucho más elevada pero la secretarĂ­a no toma en cuenta los registros de otros 543 fallecidos, contabilizados por la S-2 y la S-7 desde 1976 hasta finales de 2007. AsĂ­, la cifra de muertes militares en combate al narco, en sus distintas fases y operaciones desde hace 41 años, es de 1,073 efectivos fallecidos. Los datos de la Sedena demuestran que la mitad de los caĂ­dos en las filas castrenses han fallecido en los dos Ăşltimos sexenios. Y como anunciaba RaĂĽl Velasco iniciando su programa televisivo Siempre en Domingo: “AĂşn hay más (mucho más)”. Fuente: de mi huerta particular.

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