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El Coco


Por Héctor Medina Varalta

Una mañana, Prudencia, una niña de cinco años de edad, se entretenía en el jardín jugando con un oso de peluche. De pronto, por su jardín apareció corriendo un duende. Estaba tan asustado que se escondió en el interior de la casa de muñecas.

-           Por favor, niñita, si preguntan por mí, di que no me has visto.

Prudencia se asomó a la calle y como no vio a nadie se encogió de hombros.

-           ¿Quién te busca?

-           ¡El hombre!

-           ¿El hombre?, pero ¿por qué?

-           Es que soy… ¡soy el Coco!

-           Cuando la niña escuchó el nombre de quien tanto temía, quiso salir huyendo, pero el miedo la había paralizado.


-           ¡Por favor, señor Coco, no me haga daño!

-           Vamos, no te asustes, soy inofensivo.

-           Pe… pero mi mamá dice que eres muy malo y que te comes a los niños.

-           Eso no es cierto, lo que sucede es que el ser humano con sus pensamientos negativos y lo lleva unido con cadenas a su muñeca.

-           No te entiendo.

-           Verás, la mayor parte de la humanidad está llena de temor, vive en un futuro caótico, olvidándose del eterno hoy; que la crisis, la guerrilla, los asaltos, el “Chupacabras” y tantas tonterías. De ese modo, el hombre le da vida a su Coco, llevándolo consigo a todos lados. Y no conforme con ello, cuando sus hijos son traviesos o no quieren dormirse, los asustan diciendo: “Si no haces lo que te ordeno, el Coco te comerá. Con esas amenazas-prosiguió-, lo único que les hacen a sus hijos es unirlos con cadenas a un Coco imaginario”.

-           Me imagino que esas cadenas deben ser muy difícil de quitar?

-           ¡Oh no, al contrario! Sólo basta un poco de fe y otro tanto de voluntad para que esas cadenas se rompan como hojas de papel, pues están hechas de ilusión y están soldadas con el fuego de la ignorancia.

Por varios minutos, el Coco siguió platicando con la niña. Le explicó que él existía gracias al hombre, pues éste, como es un pensador, crea todo lo que piensa, pero que era un Coco muy bueno. Y según se cuenta, desde esa mañana se hicieron muy buenos amigos. Las noches que el Coco no la deja dormir porque es muy juguetón, Prudencia lo toma entre sus brazos y le canta una canción de cuna.

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