domingo, 18 de noviembre de 2018

La importancia del DHA, un nutriente emergente, en el desarrollo cognitivo de su bebé

Segunda parte
Por Héctor Medina Varalta

En el marco del Congreso Latinoamericano de Nutrición, que se realizó el 13 de noviembre en esta ciudad, los expertos Alfonso Valenzuela (Universidad de Chile), Usha Ramakrishnan (Universidad Emory, en Estados Unidos), Cecilia García Schinkel (Universidad Ibero y American Express), juntamente con Héctor Cori (Ingeniero en Alimentos de la Ciudad de Chile). En el capítulo anterior habló Héctor Cori, en esta ocasión lo harán el resto de los ponentes de DSM. Cabe señalar que, algunos estudios presentados por los especialistas establecen, por ejemplo, que los altos niveles plasmáticos de DHA en la madre y en la leche materna se relacionan directamente con mayor desarrollo cerebral y visual en los niños. Desafortunadamente, los estudios apuntan también que los niveles de DHA han disminuido significativamente en las tres últimas décadas, especialmente debido al bajo consumo de alimentos considerados buena fuente de DHA: pescados grasos de agua fría, como atún, salmón y sardina. En la actualidad, el contenido de DHA en la leche materna varía significativamente en  las diferentes poblaciones, encontrándose valores de 0.1 hasta 1 por ciento de DHA sobre el total de ácidos grasos.
Qué es el DHA
 Por su parte, el doctor Alfonso Valenzuela, químico, Director en Ciencias y Profesor Titular de la Universidad de Chile, externó que así como hay grasas malas que causan obesidad y problemas cardiacos, entre otras causas, sin embargo, hay grasas buenas, como los ácidos grasos poliinsaturados, que lamentablemente no están tan disponibles en nuestra nutrición como los ácidos grasos saturados; existe un  ácido graso muy particular, que se llama dococosahexaenoico o DHA, que es el nombre universal de este ácido graso. El ácido graso Omega-3, que de alguna manera todos queremos consumir, ya que estamos conscientes de que nuestra nutrición de este ácido graso es bastante necesaria, sin embargo, no todos son iguales; los ácidos grasos más importantes son: Alfa linolénico, que están presente únicamente en vegetales de origen terrestre, es decir, se extrae de las semillas de los vegetales, que están disponibles en el mercado. Algunos tienen alfa-linolénico (ALN), en cambio, los otros dos: el ácido eicosapentaeonico y el ácido docosahexaenoico, el más importante de los Omega-3 es de origen marino, tanto vegetales como animales.
La importancia de la lactancia materna
Esto significa que cuando consumimos aceite de soja, canola o linaza, que tienen pequeños porcentajes de alfa-linolénico, estamos consumiendo ese ácido graso, que nuestro hígado, en los adultos, tiene la capacidad de convertirlo en eicosapentaeoico, pero cuando consumimos productos del mar, ya sea peces, mamíferos que se alimentan de peces o de algas o microalgas, estamos directamente consumiendo EPA o ácido eicosapentaeonico, que se convierte finalmente en DHA. Es un proceso de bioconversión que ha sido muy bien estudiado. En los adultos este proceso es eficiente, es decir, si consumimos alfa-linolénicos, vamos a formar el DHA que necesitamos, pero en la etapa prenatal, la etapa gestacional, en los primeros meses, incluso, en los primeros años de vida, el lactante no lo puede formar y tiene que recibir los primeros intraúteros de su madre y después de la lactancia materna. Es lo importantísimo de la lactancia materna. El ácido alfa-linolénico se convierte en una pequeña proporción de ácido docosahexaenoico y, particularmente, se concentra en tres tejidos: en el cerebro, la retina y en los espermios, y el porcentaje de conversión es muy pequeño, no más de un 5 por ciento, el resto se oxida; este ácido graso aporta energía, pero también permite la formación de DHA fundamental. para la función de esos tres tejidos, que son obviamente muy importantes. El doctor Valenzuela mostró una gráfica de un grupo de investigación canadiense para entender qué se deposita y qué se necesita.
Qué rol tiene el DHA
Si consumimos alfa-linolénico, por ejemplo, aceite de chía, aceite de linaza, aceite de soja o aceite de canola, prácticamente no depositamos nada; esto significa que se convierte en ácido docosahexaenoico y el resto se oxida. Tampoco depositamos EPA. Cuando se supo esto fue una gran sorpresa, porque muchos pensaban que el EPA, de alguna manera, se podía acumular en otro elemento, no, se convierte en DHA. En cambio, el DHA se convierte en tres tejidos: corteza cerebral, espermios y la retina; la retina es el tejido más importante de la función visual. Hay datos de diferentes países. Estados Unidos, Canadá, Australia, Europa. Todo esto ha sido muy estudiado. Hay tecnología analítica, que permite determinar con bastante certeza la cantidad de ácidos grasos: en color verde DHA; en color amarillo EPA, hay que ver-mostrando una gráfica-que en distintos tejidos hay tanto DHA como EPA, pero exclusivamente el DHA se concentra en el cerebro, en el ligamento masculino o espermios y en la retina. El desarrollo humano, que nuestros ancestros, los austraolopithetecus eran cuadrúpedos de vida herbórea. La diferenciación nuestra sapiens-sapiens con el resto de los dominios fue la bipeestación; en segundo lugar, el tejido adiposo; somos hijos del hambre. Por consiguiente, cuando había qué comer se comía todo lo que se podía, pero lo más importante de todo, es el cerebro. Si un australopithecus ramidus o el chimpancé hoy en día tiene un cerebro de 400 centímetros cúbicos, el nuestro es de mil 400 o mil 500 centímetros cúbicos de estructura extremadamente compleja, que aún no entendemos muy bien cómo funciona. Todo ese proceso es lo que nos ha llevado al desarrollo que el resto de los animales no lo han podido obtener. Es muy importante saber que nacemos con 100 mil millones de neuronas; la mayoría para toda la vida, acompañadas de otras células llamadas glias; 300 mil millones de glias. El cerebro es el tejido, que más energía consume nuestro organismo, el 20 por ciento de la energía que aportamos diariamente, es para el cerebro; el cerebro consume 140 gramos de glucosa o azúcar al día y, obviamente, apenas es el 5 por ciento del peso corporal.
Omega-3, ingrediente indispensable en el bebé
Las neuronas empiezan a formarse en la primer etapa después del proceso gestacional, en la que un ovulo es fecundado y a los pocos días empieza a formarse el cerebro. Para finalmente, formar 200 mil neuronas por minuto. Cada neurona puede tener hasta 10 mil conexiones con otras neuronas u otras células, un centímetro cúbico de cerebro contiene 600 millones de conexiones neuronales. Más aún, un cerebro de mil 400 centímetros cúbicos, que es nuestro promedio, contiene 840 mil millones de sinapsis (una conexión de neuronas con otras estructuras o con neuronas). Algunos biofísicos han postulado que las neuronas que, la energía que genera nuestro cerebro podría encender un bulbo de ampolletas de 40 watts. El cerebro es grasa, pero grasa de buena calidad, de hecho, años atrás antes de que ocurriera el tema de las vacas locas, a nosotros nos daban sesos y eran muy ricos y saludables, nuestras abuelas y nuestras madres sabían por qué. Lamentablemente, hoy no disponemos de ese alimento por el tema de las vacas locas que, evidentemente, causó confrontación mundial. Volviendo al tema central, el cerebro es rico en DHA y un ácido graso que se llama ácido araquidónico Omega-6, muy abundantemente en nuestra nutrición y muy pobre en Omega-3. A la tercera semana de gestación se forma el cerebro de reptil, es un cerebro muy simple, con muy pocas neuronas, después empieza la formación de neuronas, diferenciación entre neuronas y las células glias, que la acompañan, migración neuronal sin aptogénesis-interconexión-milinización, las neuronas motoras que permiten que nuestros músculos se contraigan, tienen un aislamiento que se llama amielina muy importante, y, finalmente, la plasticidad cerebral o la capacidad del cerebro que tiene, junto con el aprendizaje y la experiencia, modificar su estructura. Para todo esto, se necesita que las neuronas se puedan mover, de hecho, se forman muchas de ellas, y ahí, la movilidad de las neuronas requiere flexibilidad en sus membranas. Esa flexibilidad se obtiene con el enriquecimiento del DHA.

Cómo obtiene la madre el DHA  
La madre tiene capacidad de biosíntesis. Cuando una mujer se embaraza se activa la compresión de estos ácidos grasos, deposita todos sus ácidos grasos en el tejido adiposo y se prepara para transferírselos al feto, pero también su reserva, incluso la dieta. Hoy, la dieta tiene un rol importante, que obviamente, la mujer que está fértil y que es gestante, recibe una dieta importante que le aporte una cantidad importante de ácidos grasos, Omega-3, particularmente DHA. El requerimiento de DHA comienza durante los primeros estados del proceso de desarrollo, sin embargo, es muy importante, en el tercer trimestre gestacional de los dos primeros años de vida. Es ahí cuando, el feto, el gestante y el recién nacido requieren una cantidad importante de DHA. En la etapa gestacional, la madre se ocupa de formar DHA, de transferírselo vía placenta al feto y el feto lo acumula en el cerebro, en la retina y en las gónadas, principalmente. No obstante, cuando ocurre el nacimiento, el proceso se revierte y estos ácidos grasos van desde el tejido adiposo, es decir, desde el hígado a la glándula mamaria, con lo cual la secreción láctea de la madre contiene DHA, porque la leche materna a diferencia de la leche de vaca, entre las muchas diferencias que tienen, la leche materna contiene DHA. De ahí, el gran fomento de la lactancia materna. La leche de vaca contiene una estructura una composición parecida a la leche materna, pero carece de DHA. Por consiguiente, cuando se cambia de leche materna a una fórmula que no contiene DHA puede afectar al niño. Por fortuna, eso está muy bien entendido, pues prácticamente todas las fórmulas incorporan DHA, es justamente por esta razón: se está buscando simular el aporte de DHA a la leche materna. En la madre, la suplementación con DHA permite embarazos de término muy importante, disminuye la insulina o permite que termine en la diabetes estacional, disminuye riesgos de depresión postparto; eso está muy bien estudiado en países como Japón. Además, en el bebé mejora la agudeza visual y la percepción de colores. Hay estudios que han demostrado que puede aumentar el consciente intelectual, mejora la capacidad de aprendizaje y memorización, disminuye la incidencia de Déficit de Atención y aumenta la eficiencia del sistema inmune, hay mayor protección al desarrollo de enfermedades. 

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