¿ESTÁ PREPARADO EL SISTEMA EDUCATIVO DE MÉXICO PARA UN CAMBIO DE PARADIGMA EN LA EDUCACIÓN BÁSICA?

En pleno cálculo del impacto que el confinamiento tuvo en los estudiantes de este nivel, Experto CETYS analiza la oportunidad de la propuesta de la SEP para sustituir los grados escolares actuales por 6 dases de aprendizaje

Sorpresa y expectativa ha generado tanto en el ámbito educativo como en gran parte de la sociedad en general, el planteamiento de la Secretaría de Educación Pública de desaparecer los grados escolares en educación básica, tal y como se conocen hasta hoy, para reemplazarlos por 6 fases de aprendizaje: 

  • Fase 1: educación inicial, correspondiente a los primeros tres años de los niños.
  • Fase 2: equivalente a la educación preescolar.

A partir de la Fase 3 se combinarían algunos grados escolares:

  • Fase 3: equivalente a primero y segundo grado de primaria
  • Fase 4: equivalente a tercer y cuarto grado de primaria
  • Fase 5: equivalente a quinto y sexto grado de primaria
  • Fase 6: equivalente a primero, segundo y tercer grado de secundaria

Frente al cuestionamiento de si, en pleno cálculo del impacto que las medidas de confinamiento tuvieron en los estudiantes de este nivel, producto de la forzada y acelerada adaptación a la virtualidad en medio de la pandemia de COVID-19, sería oportuno o no, y cuáles son sus posibles consecuencias, el Dr. Carlos Antonio González Palacios, director del Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades del Sistema CETYS Universidad, señala que los documentos donde se establece este nuevo marco curricular están en construcción, siendo sujeto de análisis y crítica por parte de asambleas docentes. A partir de esto, aclaró, se puede decir lo siguiente:

  1. El cambio propuesto no es cosmético o superficial, sino que plantea un cambio de paradigma que de aplicarse implicará un reto para la estructura de la formación escolar que actualmente es rígida y burocratizada. Se requerirá una flexibilización de la estructura y una liberalización de cargas administrativas para los docentes, de manera que se puedan dedicar a generar los proyectos colaborativos pedidos por los campos formativos.
  2. Se debe asegurar que no haya una desarticulación entre este nuevo marco curricular con la formación y capacitación de los docentes, administradores y alumnos para que su implementación no sea una simulación o bien, quede en buenas intenciones y deseos, como ha sucedido en otras ocasiones.
  3. No se deben desechar las buenas prácticas que actualmente tiene el sistema educativo mexicano, teniendo como prejuicio que todo lo anterior fue pésimo, sin rescatar logros; porque esto sería una condena a repetir errores y a no sumar experiencias previas.
  4. Para su correcta implementación se deben clarificar y profundizar los procesos de evaluación y acreditación, entre otros elementos  involucrados. Si los documentos que actualmente lo explican no son mejorados, la ambigüedad que actualmente tienen en su redacción provocará múltiples lecturas que terminarán en procesos y acciones confusas y en direcciones distintas a lo deseado.

Respecto a los posibles beneficios que aportaría este cambio de paradigma educativo, en caso de concretarse, el especialista destacó aspectos como el fomento a la igualdad y a la colectividad en el desarrollo de los estudiantes. “Se trabajará un currículo nacional basado en el reconocimiento de la diversidad que configura al Estado Mexicano, partiendo desde la comunidad educativa como centro del aprendizaje, del contexto y situación de los profesores y las comunidades donde se desempeñan.

También, se abandona el modelo teórico basado en los niveles evolutivos de aprendizaje individualizados que han sido hegemónicos históricamente, por un modelo cuya fundamentación son las relaciones humanas, la interacción y lo colectivo y público como fundamentos del aprendizaje, planteando que la escuela debe ser un instrumento para combatir la desigualdad y la exclusión y no para reproducirla”.

Sin embargo, también detectó en esta propuesta algunos perjuicios que se ocasionarían, en caso de implementarse tal cual se encuentra diseñada a la fecha.

“Se están dejando fuera términos como calidad educativa, excelencia, mejora continua y gestión escolar, y esto puede ser un peligro en términos de asegurar los aprendizajes y la debida apropiación que los alumnos deben tener de las habilidades que les permitan transitar hacia la educación superior y finalmente hacia la vida laboral.

Si bien, el nuevo marco curricular exige partir siempre de un diagnóstico de la situación de cada escuela y del contexto que le rodea, la propuesta exporta una estructura formativa que ya se aplica en países como Finlandia, en donde si bien ha sido exitoso, la cultura política-social es radicalmente ajena a nuestro país. No articula otros programas y acciones educativas que el mismo gobierno ha implementado, lo cual genera el riesgo de incongruencias y contradicciones tanto en la implementación como en los resultados finales.

Aunque pretende revalorizar al profesor en su trabajo, no reconoce en su figura la de un intelectual que es experto en una serie de saberes, sino que sigue configurándolo desde roles como mediador, transformador, guía u otros similares”, concluyó el académico.

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